Solo Aquello que Pasa por todas las Puertas

Pabellón de Mixtos, Ciudadela. Pamplona
17 de septiembre – 9 de noviembre 2021

 

El dedo en la llaga

Evocar la curiosidad de la niñez, la misma que aviva la curiosidad científica, y explorar la pintura con todos los sentidos. Aprender de lo que no se conoce, hasta meter el dedo en la llaga. El interior de la materia pictórica, la ‘carne’, es sinónimo de la verdad de la pintura para muchos. La pintura que es pintura en sí misma.
Son sus propiedades intrínsecas –su densidad, el color, la luz y el paso del tiempo– las que determinan la búsqueda emprendida por César Barrio. Él lo entiende como un ir más allá, la forma de conseguir ver algo como si nunca se hubiera visto: «Si buscas lo que es el interior de la pintura, ver el cuadro sin la piel y analizar su profundidad, llegas a los estratos matéricos», asevera. Sin embargo, esa curiosidad que lleva al artista a experimentar con la pintura como si se tratara de su propia carne puede confundir los sentidos y derivar en una búsqueda inútil. «Siempre he creído que la única medida que debe aplicarse a un artista es cuán lejos o cerca está de Frenhofer», reconoce. Desde el Romanticismo, el artista atormentado que persigue obsesivamente la perfección se convierte en un leitmotiv para una buen número de creadores. Frenhofer, el viejo maestro que salió de la pluma de Balzac para hacernos ver los peligros de la imitación de la carne y la zozobra creativa, se identifica asímismo con el artista maldito –pintor-filósofo en pleno sentido mengsiano–, que cree haber resuelto la disyuntiva entre línea/dibujo y materia/color. Una suerte de alquimia pictórica que insuflará vida nueva a sus creaciones.
Por contra, el artista que encuentra sentido a la pintura en sí misma, sigue la senda del color y de la experimentación como la mostrara Maurice Merleau-Ponty. Para ‘encarnar’ la pintura no basta con dibujar lo que se ve y darle ‘su’ color, sino que también hay que pintar lo que no se ve: su interior. Goethe, en su teoría del color, aseguraba que «para la carne el color debe estar absolutamente liberado de su estado elemental».
La realidad según el viejo maestro Frenhofer es plenamente purovisibilista. Mientras que la que nos muestran Goethe y la fenomenología se basa en la percepción de la materia. De un modo u otro, los átomos se manifiestan para el artista que experimenta con la pintura. Es la «hiperfísica de la mímesis», descrita por Didi-Huberman como «Hiperfísica, y no metafísica», puesto que «la mímesis aparece aquí pensada en efecto como una materia, evidentemente sutil, pero a pesar de todo es una materia, ‘una sustancia madre’, escribe Balzac, un tejido de entrañas».
Partiendo de estas premisas, en las dos salas del Pabellón de Mixtos de la Ciudadela del Pamplona encontraremos que el artista plantea nuevas experiencias en torno a la superfície y el interior de aquello que denominamos cuadro. Los sentidos se confunden ante el aspecto intestino de sus cajas y la piel que recubre sus pinturas, desafiando nuestra percepción. No es posible distinguir si el lienzo es la dermis que los divide, o si da paso a un mundo interior, porque su extensión es non finita. En sus obras se entremezclan los tejidos y los colores de la carne pictórica. En algunas, se muestra aún viva –es la cualidad del color–, mientras que en otras aparentan ser fósiles.
El verbo «pintar» se manifiesta aquí como la evidencia de esa curiosidad que le mueve, por lo que el resultado será siempre ambiguo. Roland Barthes dice a propósito de los relicarios de Bernard Réquichot, que son el resultado de una mirada hacia el interior, pero no muestra el reflejo según aparece en el espejo: «Lo que está puesto ahí, al final de nuestra mirada, como un campo profundo, ¿no es el magma interno del cuerpo? ¿No es un pensamiento fúnebre y barroco el que regula la exposición del cuerpo anterior, el de antes del espejo?». Pintar es ‘ver para creer’, pero no en lo meramente visible, sino en las formas sin límites que construye el artista a lo largo de su propio camino. De ahí el título de la muestra:

Algo mira por todas las ventanas
Hacia dentro o afuera.
Algo pasa por todas las puertas.
Hacia fuera o adentro.
No se puede afirmar el ser.
No se puede afirmar el no ser.
Solo aquello que mira por todas las ventanas.
Solo aquello que pasa por todas las puertas.

Roberto Juarroz

 
Alejandro Martínez
Director Galería Martínez & Avezuela

Caja – Collage Blanca
162 cm x 50 cm x 200 cm
Caja – Collage
162 cm x 50 cm x 200 cm
Caja – Collage Blanca. Díptico
324 cm x 50 cm x 200 cm
Caja – Collage. Díptico
324 cm x 50 cm x 200 cm