Quatro Paredes de Água

Lavadero das Francesinhas, Lisboa
Mayo 2019

 

Esta intervención artística se ubicó en el lavadero de las Francesinhas en el barrio de Madragoa en Lisboa, el cual fue fundado en 1876, y ya ha sido demolido.

Se pretendía llegar a una síntesis de mis investigaciones sobre la espacialidad del color y de la luz, mediante la búsqueda de una pintura hecha espacio.

Su buena localización como mirador potenciaba la relación visual entre el agua en movimiento del rio y el agua parada de los tanques del lavadero. Siendo memoria una de otra, soñándose una en la otra. A eso se une el peso histórico de este espacio tan íntimo de la ciudad, el cual ha sido foro de interacción social, de encuentro de distintas generaciones de mujeres a lo largo de muchos años.

Cada uno de los cuatro tanques de agua tenían unas piezas de metacrilato de 12 m x 2 m volando por encima, a unos centímetros del límite entre la piedra y el agua y se reflejaban en ella. El lavadero funcionaba a su vez como una caja de resonancia. La luz pasaba a través de las cuatro pieles y los tanques eran como barcos, tenían esa simbología, y a la vez, es muy obvia, tenían también la relación con el trabajo de las lavanderas, con la ropa tendida. Se creaba un efecto óptico de urna, de entrar a un claro del bosque. En un interior surgía la imagen óptica de entrar a un exterior. Creaba como una especie de templo, dentro de la imagen de templo que tenía ya el lavadero. Y era interesante como los ruidos y las imágenes de la ciudad en movimiento se iban reflejando también en las piezas de metacrilato. A través de esa maqueta de luz en que se convertía la instalación la pintura se convertía en espacio. Como nos dice Merleau-Ponty: “No se trata ya de hablar del espacio y de la luz, sino de hacer hablar al espacio y a la luz que están ahí.”

César Barrio